El poder de seducción de un dedo indice.
¡Y seguimos con el rollito nostálgico! De quien me estoy acordando ahora espero que si que siga vivo. Es una muchacha de algo más edad que yo. Escorpio. Recuerdo. Compañera de la Facultad de Bellas Artes y más rara que un gato verde. Pero la chica era de lo más sensual que había visto nunca. Y no creo que vea a otra que la supere. Que la iguale, espero que sí. Tenía un tono de voz tenue y a veces infantil.
Casi nunca me miraba a los ojos. Solo si decía alguna picardía o me daba algo acompañado con un "Toma. Pah ti." de voz dulzona. Me tocaba solo de vez en cuando. Solo un instante. A veces me palmeaba en el hombro. Otras me metía el dedo en el ombligo por encima de la camiseta durante una fracción de segundo. Una vez jugueteó un poco con mi pendiente. A mí, que tengo las orejas más subceptibles a rocecitos a este lado del Vístula.
Me gustaba acercarme a hablar con ella cuando la pillaba sola retirada del resto de la multitud. Se encongía en la esquina de algún banco o en el cesped concentrada en ella misma y en lo que hacía. Hablabamos de chorradas. No recuerdo practicamente nada. Palabras vacías casi completamente. Pocas frases se me quedaron en la cabeza de todo lo que decía. Era siniestra y vestía mucho de negro, tenía un perro de esos que si quieren matar, lo hacen de maravilla y recuerdo también que su familia podía comprar en el Macro. Tenía el pelo negro azabache y la piel clarita. Dibujaba increibemente bien con una facilidad indignante. Le comía la desidia. A veces se pintaba los ojos de rojo, lo cual me encantaba. Tenía siempre un culo precioso que se intuía detrás de los pantalones desgastados de turno mientras andaba con esos aires de "¡paso! ¡Qué me pesa la vida!". Las manos pequeñitas con lod dedos algo rechonchos. Era capaz de tocar el suelo con las palmas de manos gracias sin doblar las piernas a una flexibilidad considerable. Y los labios de "muérdeme si te atreves".
El caso es que esa chiquilla siempre me hizo tilín. Pero el día que me empezó a atraer de veras fue un día que paso su dedo indice (supongo que sería ese dedo) por mi espalda mientras pasaba por detrás de mí en la clase de escultura al tiempo que decía "Hola" y siguió su camino hasta el sitio en el que ella tenía su estatua de arcilla. ¡Qué delirio me entró! No sé si fuy torpe o no. El caso es que a ese roce con el dedo le di un significado de mutua atracción. Y ese día el trabajo con la escultura me cundió de poco a nada gracias a que no dejaba de mirarla o de buscarla por la clase por el rabillo del ojo.
Una semana loquito estuve pensándome si decirla algo. Pero apereció un día con su novio de siempre por la facultad. Se le veía verdaderamente buen chico. Y encima enamorado. Aunque eso es salirse del tema. El caso es que eso hecho alejaba de mí la esperanza de estar con esa chica y alimentaba las fantasías de sexualidad clandestina con ella. Que si me la imagino en los baños de la facultad, que si sueño que nos quedamos encerrados en el edificio de noche. Y todo por un jodido dedo.
Después. Un día. Cuando yo ya me estaba calmando con el tema. Tubo su cara cerca de la mía momentaneamente por agacharnos los dos a por algo que estaba en el suelo o no se por que diantres. Y la chiquilla me dijo "¡Jo! ¡Qué bien oléis los chicos!". ¡Ay! ¡Idiota de mí! ¡Pensar que se ya desvanecía la inspiración! La inspiración e inquietud sexual se mantuvo como el primer día que ese dedo surcó mi espalda. Loquito me tuvo esa chica durante todo un curso. El de tercero, para ser más concreto.
Mi abuelo decía que las cosas tienen la importancia que las damos. Mi abuelo era muy listo y sabía lo que decía. ¿Qué importancia puede tener un dedo en una espalda si hubiera estado distraído con otras cosas, enamorado de otra chica o increiblemente enamorado de ella? ¿Si hubiera tenido un óptica más madura de lo que me rodeaba? ¿Si hubiera estado necesitado o borracho de cariño? ¿Me acordaría aun de ese dedo en esos casos? Mi abuelo tenia casi toda la razón. No hubiera sido lo mismo. Pero con la habilidad para tocar que tenía esa chica. De hacer que cada toque fuera un suspiro. Pese a que no lo mismo, algo de seguro hubiera sido.
seducir.
(Del lat. seducĕre).
1. tr. Engañar con arte y maña; persuadir suavemente para algo malo.
2. tr. Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual.
3. tr. Embargar o cautivar el ánimo.
tacto.
(Del lat. tactus).
1. m. Sentido corporal con el que se perciben sensaciones de contacto, presión y temperatura.
2. m. Acción de tocar o palpar.
3. m. Manera de impresionar un objeto el sentido táctil.
4. m. Prudencia para proceder en un asunto delicado.
5. m. Med. Exploración, con las yemas de los dedos, de una superficie orgánica o de una cavidad accesible.
~ de codos.
1. m. Connivencia que establecen varias personas para favorecer algo o favorecerse, a veces en detrimento de otros.
2. m. Mil. Denota la unión que debe haber entre uno y otro soldado para que estén en formación correcta.
Casi nunca me miraba a los ojos. Solo si decía alguna picardía o me daba algo acompañado con un "Toma. Pah ti." de voz dulzona. Me tocaba solo de vez en cuando. Solo un instante. A veces me palmeaba en el hombro. Otras me metía el dedo en el ombligo por encima de la camiseta durante una fracción de segundo. Una vez jugueteó un poco con mi pendiente. A mí, que tengo las orejas más subceptibles a rocecitos a este lado del Vístula.
Me gustaba acercarme a hablar con ella cuando la pillaba sola retirada del resto de la multitud. Se encongía en la esquina de algún banco o en el cesped concentrada en ella misma y en lo que hacía. Hablabamos de chorradas. No recuerdo practicamente nada. Palabras vacías casi completamente. Pocas frases se me quedaron en la cabeza de todo lo que decía. Era siniestra y vestía mucho de negro, tenía un perro de esos que si quieren matar, lo hacen de maravilla y recuerdo también que su familia podía comprar en el Macro. Tenía el pelo negro azabache y la piel clarita. Dibujaba increibemente bien con una facilidad indignante. Le comía la desidia. A veces se pintaba los ojos de rojo, lo cual me encantaba. Tenía siempre un culo precioso que se intuía detrás de los pantalones desgastados de turno mientras andaba con esos aires de "¡paso! ¡Qué me pesa la vida!". Las manos pequeñitas con lod dedos algo rechonchos. Era capaz de tocar el suelo con las palmas de manos gracias sin doblar las piernas a una flexibilidad considerable. Y los labios de "muérdeme si te atreves".
El caso es que esa chiquilla siempre me hizo tilín. Pero el día que me empezó a atraer de veras fue un día que paso su dedo indice (supongo que sería ese dedo) por mi espalda mientras pasaba por detrás de mí en la clase de escultura al tiempo que decía "Hola" y siguió su camino hasta el sitio en el que ella tenía su estatua de arcilla. ¡Qué delirio me entró! No sé si fuy torpe o no. El caso es que a ese roce con el dedo le di un significado de mutua atracción. Y ese día el trabajo con la escultura me cundió de poco a nada gracias a que no dejaba de mirarla o de buscarla por la clase por el rabillo del ojo.
Una semana loquito estuve pensándome si decirla algo. Pero apereció un día con su novio de siempre por la facultad. Se le veía verdaderamente buen chico. Y encima enamorado. Aunque eso es salirse del tema. El caso es que eso hecho alejaba de mí la esperanza de estar con esa chica y alimentaba las fantasías de sexualidad clandestina con ella. Que si me la imagino en los baños de la facultad, que si sueño que nos quedamos encerrados en el edificio de noche. Y todo por un jodido dedo.
Después. Un día. Cuando yo ya me estaba calmando con el tema. Tubo su cara cerca de la mía momentaneamente por agacharnos los dos a por algo que estaba en el suelo o no se por que diantres. Y la chiquilla me dijo "¡Jo! ¡Qué bien oléis los chicos!". ¡Ay! ¡Idiota de mí! ¡Pensar que se ya desvanecía la inspiración! La inspiración e inquietud sexual se mantuvo como el primer día que ese dedo surcó mi espalda. Loquito me tuvo esa chica durante todo un curso. El de tercero, para ser más concreto.
Mi abuelo decía que las cosas tienen la importancia que las damos. Mi abuelo era muy listo y sabía lo que decía. ¿Qué importancia puede tener un dedo en una espalda si hubiera estado distraído con otras cosas, enamorado de otra chica o increiblemente enamorado de ella? ¿Si hubiera tenido un óptica más madura de lo que me rodeaba? ¿Si hubiera estado necesitado o borracho de cariño? ¿Me acordaría aun de ese dedo en esos casos? Mi abuelo tenia casi toda la razón. No hubiera sido lo mismo. Pero con la habilidad para tocar que tenía esa chica. De hacer que cada toque fuera un suspiro. Pese a que no lo mismo, algo de seguro hubiera sido.
seducir.
(Del lat. seducĕre).
1. tr. Engañar con arte y maña; persuadir suavemente para algo malo.
2. tr. Atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual.
3. tr. Embargar o cautivar el ánimo.
tacto.
(Del lat. tactus).
1. m. Sentido corporal con el que se perciben sensaciones de contacto, presión y temperatura.
2. m. Acción de tocar o palpar.
3. m. Manera de impresionar un objeto el sentido táctil.
4. m. Prudencia para proceder en un asunto delicado.
5. m. Med. Exploración, con las yemas de los dedos, de una superficie orgánica o de una cavidad accesible.
~ de codos.
1. m. Connivencia que establecen varias personas para favorecer algo o favorecerse, a veces en detrimento de otros.
2. m. Mil. Denota la unión que debe haber entre uno y otro soldado para que estén en formación correcta.

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